Estimado fiel lector. Hace unos días, conversando con varios líderes del sector tecnológico en nuestra región, llegamos a una conclusión interesante: en América Latina vivimos obsesionados con la inmediatez. Nuestra región es, por naturaleza, mobile-first. Respiramos a través de WhatsApp, SMS y notificaciones push. Sin embargo, en esta carrera por la omnicanalidad en tiempo real, muchas empresas están descuidando la verdadera columna vertebral de su infraestructura digital: el correo electrónico.
Antes de que piensen que vengo a hablar del pasado y que vengo en mood antañero, permítanme compartirles un baño de realidad respaldado por datos.
Recientemente me sumergí en el Email Impact Report 2026, una investigación global desarrollada por el equipo de Sinch Mailgun que analizó más de 400 mil millones de correos enviados en el último año ¿y qué creen? Hay una estadística en particular que debería encender las alarmas de cualquier CTO o líder de marketing en la región: casi el 18% de los correos electrónicos enviados nunca alcanzan la bandeja de entrada del usuario.
Pongámoslo en el contexto latinoamericano. Estamos en un mercado donde el Costo de Adquisición de Clientes (CAC) no para de subir y donde la retención es una batalla diaria. En este escenario, perder casi 1 de cada 5 mensajes críticos (ya sea una confirmación de compra, un reseteo de contraseña o una oferta personalizada) por fallas en la entregabilidad, es un lujo financiero que ninguna operación en Latinoamérica se puede permitir.
Si lo vemos fríamente, el potencial del canal sigue siendo gigantesco, contrario a lo que podrías haber pensado. El estudio demuestra que el 60% de las empresas que logran medir su Retorno de Inversión (ROI), reportan ganancias superiores a 10 dólares por cada dólar invertido. El gran problema que yo veo es que existe un abismo gigante entre el rendimiento que la tecnología puede ofrecer y la ejecución real que estamos logrando.
Gran parte de esta brecha de ejecución viene de cómo estamos adoptando la Inteligencia Artificial. El informe revela que el 41% de los equipos ya utilizan IA para generar contenido. Es muy seductor usar un LLM (Large Language Model, es un tipo de inteligencia artificial entrenada con cantidades masivas de texto para comprender, resumir y generar lenguaje humano de forma natural) para crear cientos de variantes de texto en segundos. Pero, desde mi perspectiva, usar la Inteligencia Artificial únicamente como un asistente de redacción es raspar apenas la superficie de su potencial.
En mi opinión, el verdadero salto cualitativo en América Latina ocurrirá cuando comencemos a utilizar la IA no solo en la capa creativa, sino en la infraestructura profunda: para predecir el comportamiento de los filtros de spam, optimizar el enrutamiento de los envíos en tiempo real y limpiar dinámicamente las bases de datos.
La reflexión que me gustaría dejarles hoy es que la omnicanalidad no significa simplemente «estar en todas partes», sino asegurar que cada puente que construimos hacia el usuario sea sólido y eficaz. De nada sirve tener la mejor aplicación móvil o el bot conversacional más avanzado si los cimientos transaccionales de tu comunicación están rotos.
La verdadera transformación digital no siempre trata de implementar la herramienta más brillante o de moda; muchas veces, se trata de perfeccionar la infraestructura silenciosa que hace que todo lo demás funcione.
Hasta la próxima lectura.


