Un informe de la fintech Mono, basado en evidencia del Banco de Pagos Internacionales, el Fondo Monetario Internacional y McKinsey, señala que cada punto adicional en adopción de pagos digitales puede traducirse en mayor crecimiento económico y reducción de la informalidad. En Colombia, el sistema Bre-B aparece como pieza clave.
El informe recopila evidencia internacional y estudios de caso de sistemas como M-Pesa (Kenia), Unified Payments Interface (India), Pix (Brasil) y Bre-B en Colombia.
Uno de los hallazgos centrales del documento proviene del Banco de Pagos Internacionales (BIS), que analizó información de 101 economías y encontró que un aumento de un punto porcentual en el uso de pagos digitales se asocia con un incremento de 0,10 puntos porcentuales en la tasa de crecimiento del PIB per cápita en un periodo de dos años.
El mismo estudio también identifica una relación con el mercado laboral, el aumento en pagos digitales se vincula con una reducción de 0,06 puntos porcentuales en la proporción de empleo informal en el mismo horizonte temporal.
Impacto más allá del dato macro
El informe subraya que la digitalización de pagos no solo tiene efectos agregados, sino operativos: reduce costos asociados al manejo de efectivo, acelera la circulación del dinero y mejora el flujo de caja de comercios y empresas.
Además, cada transacción digital deja un registro verificable, lo que incrementa la trazabilidad y puede convertirse en historial transaccional para acceder a crédito formal, especialmente para micro y pequeñas empresas tradicionalmente excluidas del sistema financiero.
En el frente fiscal, el documento recoge estimaciones del Fondo Monetario Internacional y de McKinsey según las cuales, en países en desarrollo, la digitalización completa de pagos gubernamentales podría generar ahorros equivalentes a entre 0,8% y 1,1% del PIB anual, al reducir costos logísticos, fugas y riesgos de corrupción.
Bre-B y el caso colombiano
En Colombia, el análisis se enmarca en el despliegue del sistema de pagos inmediatos interoperables Bre-B, impulsado por el Banco de la República. Según cifras oficiales, el sistema reporta más de 100 millones de llaves registradas y acumula transacciones por más de 34 billones de pesos.
Para Juan Camilo Poveda, CEO de Mono, el potencial en el país podría ser incluso mayor que el promedio internacional.
“El dato del BIS es poderoso porque abarca 101 economías, pero en Colombia el efecto puede ser más fuerte, dado el nivel de informalidad, la población desbancarizada y el alto uso de efectivo. Cada punto porcentual adicional en adopción de pagos digitales no es solo conveniencia: es desarrollo económico real”, afirmó en entrevista con Mobile Time Latinoamérica.
Sectores con mayor potencial de formalización
Poveda identifica cuatro frentes donde la digitalización podría tener mayor impacto: “El primero es el comercio minorista, las plazas de mercado y los negocios de barrio que hoy mueven millones de pesos en efectivo todos los días sin dejar ningún registro”, señala.
En segundo lugar está la economía gig y logística, donde trabajadores independientes requieren liquidez inmediata. “Este lo vivimos directamente nosotros: conductores, mensajeros, trabajadores independientes que necesitan liquidez inmediata y que hoy dependen de procesos lentos y costosos”.
Otro sector clave que resalta Poveda es el agro y las cadenas rurales, para él este “es quizás donde el impacto social sería más profundo”.
Por último, puntualiza en los servicios urbanos informales, “el taller, el restaurante pequeño, la peluquería, que no están en el sistema formal no porque no quieran, sino porque nadie les había ofrecido una puerta de entrada que tuviera sentido para ellos”.
En su perspectiva, Bre-B, con habilitadores tecnológicos como Mono, puede convertirse en la puerta de entrada al sistema formal para estos segmentos.
Las barreras pendientes
Sin embargo, para Poveda la principal barrera es regulatoria. Aunque reconoce avances con la creación de Bre-B, advierte que aún hay pendientes: “La regulación, o falta de ella, es la principal barrera. Sin regulación no hay un campo de juego definido, no hay accountability de las partes”
Al respecto, agrega que es importante que el regulador avance en tres pendientes para desbloquear la adopción:
- Asegurar la estabilidad de Bre-B, tanto en su infraestructura como en las responsabilidades de quienes participen en el sistema.
- Lanzar y abogar por el open banking para visibilizar el valor de los pagos digitales y las decisiones basadas en datos.
- Cambiar o eliminar el impuesto del 4×1000, una traba para la adopción de pagos digitales.
No obstante, a esto se suman los retos tecnológicos y culturales. “El reto cultural es el que más me preocupa. La infraestructura más sofisticada no sirve si la gente no confía en ella. Hoy es más barato pagar en efectivo que digitalmente; eso es un incentivo perverso”, señala.
El rol de Mono en el ecosistema
En este entorno, Mono participa como actor habilitado por el Banco de la República para facilitar la integración de Bre-B en procesos empresariales de recaudo y dispersión mediante infraestructura tecnológica basada en APIs.
“Bre-B es la autopista; el Banco de la República la construyó y la regula. Mono es el vehículo que permite a las empresas transitarla”, explicó Poveda.
La propuesta de la compañía se basa en un modelo API-first que permite integrar pagos inmediatos en operaciones de nómina, comisiones o anticipos en tiempo real, así como recaudos con conciliación automatizada en menos de 10 segundos.
Con la consolidación de Bre-B y el avance de la interoperabilidad, el debate sobre pagos digitales en Colombia comienza a desplazarse desde la inclusión financiera hacia su impacto estructural en productividad, formalización y crecimiento económico.


