CES siempre ha sido el escenario donde la industria muestra no solo “el próximo gadget”, sino también el rumbo que quiere marcar para la tecnología de consumo en los próximos años. Este año, el mensaje es muy claro: la inteligencia artificial dejó de ser un servicio distante en la nube para convertirse en una parte estructural de los dispositivos —desde el PC hasta el smartphone, pasando por el hogar conectado, el automóvil y los wearables—.
Entre los anuncios de CES 2026, quedó en evidencia un giro en la forma en que la industria concibe la computación personal. La feria reforzó dos movimientos que atravesaron distintas categorías de productos y que merecen especial atención: la consolidación de la IA ejecutándose localmente en los dispositivos y la búsqueda de una mayor eficiencia energética. PCs, wearables, robots y soluciones para el día a día, presentados en el evento, comenzaron a incorporar inteligencia embebida como un componente central de la experiencia, reduciendo la dependencia de la nube y ampliando las posibilidades de uso.
Este movimiento señala un cambio estructural en el mercado de PCs. Más allá de mejoras incrementales de desempeño, empieza a ganar espacio una nueva generación de computadores diseñados desde su origen para manejar cargas de trabajo de IA, equilibrando rendimiento, autonomía y experiencias más personalizadas. No se trata de un fenómeno aislado, sino de una transformación que atraviesa a toda la industria tecnológica.
IA LOCAL en el PC
Si antes “usar IA” significaba enviar datos a un servidor remoto, CES 2026 dejó claro que ese modelo empieza a cambiar. La inteligencia artificial se está desplazando cada vez más cerca del usuario, ejecutándose directamente en los dispositivos. Esto trae beneficios claros en desempeño y latencia, reduce la dependencia de una conexión perfecta y fortalece la seguridad y el control sobre los datos sensibles, aspectos cada vez más centrales en la experiencia de uso.
En el universo de los PCs, este giro se refleja en el avance de los llamados AI PCs. Los equipos presentados en CES ya demuestran capacidades como transcribir y resumir reuniones, traducir conversaciones en tiempo real, mejorar automáticamente audio y video, y operar asistentes que comprenden el contexto, todo de forma local. Para hacer posible este salto, el hardware tuvo que evolucionar: entran en escena arquitecturas que integran CPU, GPU y aceleradores de IA de manera más cohesionada, diseñadas para inferencia local y eficiencia energética, y no solo para picos de rendimiento.
Es en este contexto donde surgen procesadores como el Intel Core Ultra Serie 3 (Panther Lake), fabricados bajo el proceso 18A, que ayudan a materializar esta transición. Más allá de las cifras, este tipo de arquitectura apunta a un cambio de enfoque: la IA deja de ser un recurso adicional y pasa a formar parte de la base del PC, habilitando experiencias más consistentes, eficientes y alineadas con el uso real del día a día.
Esta migración de parte de la IA al dispositivo es particularmente relevante para América Latina. En mercados donde la conectividad es irregular y costosa, ejecutar más IA de forma local implica menos frustración con servicios que “solo funcionan” cuando la red es perfecta, y mayor control sobre la privacidad, ya que no todo necesita salir del dispositivo todo el tiempo. No es casualidad que un informe de GSMA Intelligence (2024) señale que cerca del 28 % de la población de la región vive en áreas con cobertura de internet móvil, pero aún no accede a la red debido a barreras como el costo, la falta de dispositivos o de habilidades digitales, lo que representa aproximadamente 174 millones de personas.
Eficiencia energética
Con la IA dejando de ser un recurso puntual para operar de forma continua en los dispositivos, la eficiencia energética se convierte en un eje central de la computación personal. CES 2026 dejó claro que no basta con hacer los sistemas más inteligentes; es necesario lograrlo sin comprometer la autonomía, el confort térmico y la experiencia cotidiana del usuario.
A nivel de chip, el proceso 18A es uno de los caminos para mejorar el rendimiento por watt: más transistores, menos desperdicio y más trabajo realizado con el mismo consumo. A nivel de dispositivo, los fabricantes presentaron notebooks, smartphones y equipos de red que prometen mayor autonomía, menor calentamiento y modos de operación inteligentes, en los que el propio sistema decide cuándo usar IA local, cuándo recurrir a la nube y cuándo simplemente apagar lo que no está en uso.
Es en este punto donde los PCs con IA comienzan a diferenciarse de manera más concreta. Al integrar CPU, GPU y aceleradores de IA en una arquitectura pensada para la eficiencia desde su diseño, los procesadores ilustran cómo el rendimiento y el consumo dejan de ser fuerzas opuestas. El resultado se refleja en beneficios prácticos, como una mayor autonomía —con modelos capaces de alcanzar hasta 27 horas de uso— y una menor dependencia del enchufe, incluso en escenarios de uso intensivo de IA local.
Esta ecuación es especialmente relevante para América Latina. En países como Brasil, Colombia, Argentina y Chile, donde el costo de la energía impacta el presupuesto y la infraestructura no siempre acompaña la rápida adopción de nuevas tecnologías, la eficiencia no es solo una característica deseable, sino un factor de viabilidad. PCs que ofrecen mayor desempeño con un consumo equilibrado tienden a ser más adecuados para empresas y profesionales que necesitan movilidad, previsibilidad y un mayor control sobre sus datos.
El panorama que dibuja CES 2026 va más allá de anuncios puntuales o saltos aislados de rendimiento. La IA local y la eficiencia energética aparecen como partes de un mismo movimiento: acercar la computación a la realidad de las personas, haciendo que funcione mejor en las condiciones en las que realmente se utiliza. El próximo paso de la computación personal no estará definido únicamente por cuán avanzada sea la tecnología, sino por qué tan bien se integra al día a día, de forma inteligente, eficiente y sostenible en el uso práctico.


