América Latina y el Caribe avanza en el desarrollo de capacidades de inteligencia artificial, pero mantiene brechas en infraestructura tecnológica, talento especializado, investigación y adopción empresarial. Así lo señala la cuarta edición del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2026), elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (CENIA).
El informe, presentado en Santiago de Chile, evalúa los ecosistemas de IA de 20 países de la región a partir de tres dimensiones: factores habilitantes; investigación, desarrollo y adopción, y gobernanza. La edición de 2026 amplió la medición a 126 subindicadores e incorporó por primera vez a Trinidad y Tabago.
Además, por primera vez, incorpora una comparación con países fuera de la región —Alemania, España, Estonia, Portugal y Singapur—, que permite situar las capacidades regionales en un contexto global y dimensionar mejor las brechas que condicionan el aprovechamiento de la inteligencia artificial para el desarrollo económico y social.
Los resultados muestran que el desafío regional ya no consiste únicamente en ampliar el acceso a las tecnologías digitales, sino en convertir la infraestructura, los datos, el talento y la investigación en innovación, productividad y valor económico y social.
En la clasificación general, Chile, Brasil y Uruguay integran el grupo de pioneros, mientras que diez países se ubican entre los adoptantes, encabezados por Colombia, Costa Rica y Argentina. Los siete restantes son clasificados como exploradores.

Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2026)
Factores habilitantes
La conectividad constituye una de las principales bases para el desarrollo de la inteligencia artificial en América Latina y el Caribe. El ILIA 2026 señala que el 95% de la población cuenta con cobertura móvil y el 80% utiliza Internet. Sin embargo, la disponibilidad de redes no garantiza condiciones homogéneas de calidad, asequibilidad y acceso a tecnologías avanzadas.
La cobertura 5G alcanza un promedio regional del 28%, lo que evidencia que la expansión de las redes de nueva generación sigue siendo un desafío para los países analizados.
A esto se suma el costo de los servicios. El plan de banda ancha fija más económico representa, en promedio, el 4,7% del ingreso nacional bruto per cápita mensual. Además, el 85% de los países permanece por encima del umbral de referencia del 2%, lo que indica que la asequibilidad continúa siendo una barrera para ampliar el acceso.
El talento especializado también es limitado. Según el índice, las habilidades en inteligencia artificial alcanzan en promedio al 0,27% de la población trabajadora registrada en LinkedIn. Entre las mujeres, la proporción disminuye al 0,17%.
Las diferencias entre países se reflejan en los resultados de esta dimensión: solo Chile y Uruguay superan los 60 puntos en factores habilitantes, mientras que la mayoría se concentra en niveles intermedios.
Brasil concentra la capacidad de cómputo regional
La infraestructura necesaria para desarrollar y entrenar sistemas de IA presenta otra brecha. Brasil concentra el 87,7% de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) y el 92% de la capacidad de procesamiento identificada en América Latina y el Caribe. Además, los países extrarregionales incluidos en el estudio registran, en promedio, cerca de 29 veces más GPU por millón de habitantes.
Esta concentración limita las posibilidades de los países con menor infraestructura para desarrollar capacidades propias y pone de relieve la importancia de la cooperación regional para compartir recursos, conocimiento y tecnología.
No obstante, América Latina también cuenta con fortalezas que pueden contribuir al desarrollo de infraestructura digital, entre ellas la participación de fuentes renovables en las matrices eléctricas de varios países y una posición favorable en centros de datos certificados por habitante frente al grupo de economías extrarregionales analizadas.
La IA generativa gana terreno
En cuanto a la adopción, el informe estima que, en promedio, el 9,1% de las empresas utiliza inteligencia artificial, aunque existen diferencias entre países. Uruguay, Chile, Brasil y Colombia ocupan las primeras posiciones en este indicador.
La adopción varía además según el tamaño de las organizaciones. El 27,6% de las grandes empresas ha incorporado IA, frente al 12,8% de las medianas y el 6,8% de las pequeñas.
En contraste, la IA generativa presenta una difusión más amplia entre la población. En promedio, el 16,1% de las personas de entre 15 y 64 años utiliza activamente estas herramientas. Costa Rica registra la mayor proporción, con el 25,1%.
Los datos reflejan una diferencia entre el uso individual de las herramientas y su integración en los procesos productivos. Para ampliar la adopción empresarial, las organizaciones necesitan desarrollar capacidades para identificar casos de uso, supervisar los sistemas y evaluar los resultados de su implementación.
Gobernanza
La tercera dimensión del índice identifica avances en la formulación de políticas públicas de inteligencia artificial, aunque advierte dificultades para garantizar su ejecución.
El 85% de los países analizados cuenta con una estrategia nacional de IA vigente o en elaboración, y el 75% dispone de una institución formalmente encargada de liderar esta agenda.
Entre los doce países con estrategias adoptadas, once contemplan mecanismos de evaluación, ocho incluyen indicadores específicos y/o una institución responsable y diez cuentan con alguna hoja de ruta. Sin embargo, solo cinco desarrollan esa hoja de ruta en detalle y únicamente Brasil y Colombia tienen presupuestos asignados a sus estrategias nacionales.
Por otra parte, los marcos legales de ciberseguridad muestran una base más extendida. Los países alcanzan un promedio de 80,5 puntos y el 90% supera la mitad de la escala en las medidas legales evaluadas.
En conjunto, los resultados muestran que la región ha avanzado en la formulación de estrategias e instituciones, pero todavía enfrenta el reto de traducir esos instrumentos en acciones sostenidas, con financiación y mecanismos efectivos de implementación.
Cooperación regional
Para la CEPAL, el reto consiste en articular las capacidades existentes y fortalecer aquellas que requieren mayores recursos y escala. La infraestructura de cómputo puede generar más valor cuando está disponible para investigadores y empresas; la investigación tiene mayor impacto cuando cuenta con financiación y mecanismos para convertirse en innovación; y la adopción empresarial requiere capacidades para integrar la tecnología en los procesos productivos.
El informe también plantea la importancia de preservar márgenes de decisión sobre las condiciones en las que la región adopta y utiliza la inteligencia artificial. En este contexto, la soberanía digital no implica autosuficiencia tecnológica, sino capacidad para elegir, negociar, supervisar y acceder a alternativas.
La cooperación entre países puede ampliar ese margen de acción en ámbitos donde la escala nacional resulta insuficiente, particularmente en infraestructura de cómputo, investigación, formación de talento avanzado y participación en estándares internacionales.
De esta manera, el ILIA 2026 plantea que el desafío de América Latina y el Caribe es pasar de la disponibilidad de recursos y la formulación de estrategias a un desarrollo sostenido de capacidades que permita traducir la inteligencia artificial en innovación, productividad e inclusión.


