Cuando Bre-B entró en operación en octubre de 2025, Colombia se sumó a un grupo selecto de países con un sistema de pagos inmediatos interoperable, siguiendo la ruta que trazaron PIX en Brasil o SPEI en México. Según el Banco de la República, los números de su inicio muestran que entre julio de 2025 y enero de 2026 el sistema registró 99 millones de llaves asociadas a 33,9 millones de clientes, con más de 200 entidades financieras conectadas y un crecimiento del 29% en transacciones diarias entre octubre y enero. Si bien este es un gran avance para Colombia, la experiencia de otros mercados de la región enseña que el lanzamiento es apenas el primer tramo de un camino más largo.
Inicialmente, el reto es la confianza, pues un segmento importante de la población colombiana todavía desconfía de los pagos electrónicos o no está familiarizado con el uso de llaves digitales, convirtiendo este tema cultural en un gran desafío para el sistema. La educación financiera es, en ese sentido, tan importante como la infraestructura misma.
El segundo reto es que Bre-B no es un sistema único, sino una capa de interoperabilidad que conecta múltiples rieles de pago y a cientos de entidades con plataformas tecnológicas distintas. Aunque esto favorece la competencia y evita puntos únicos de falla, exige también una disciplina operativa exigente en cuanto a monitoreo en tiempo real, redundancia entre proveedores de conexión y capacidad de absorber picos de volumen sin comprometer la disponibilidad del servicio.
Los propios usuarios lo sintieron en las primeras semanas, con reportes de fallas en el registro de llaves y rechazo de operaciones que el Banco de la República tuvo que corregir sobre la marcha. Y es que en los pagos inmediatos no hay margen de error debido a que el dinero se mueve en segundos, y eso solo es sostenible si la infraestructura detrás está diseñada para funcionar incluso cuando un riel, un proveedor o una entidad falla.
A esto se le suma el fraude, porque la irreversibilidad de una transferencia inmediata es una ventaja para quien paga y una oportunidad para quien delinque. Colombia ya vive lo que Brasil vivió con PIX con campañas de smishing, códigos QR fraudulentos y suplantación de entidades financieras que buscan aprovechar la inmediatez del sistema antes de que la víctima reaccione. Más allá de la tecnología, la mayor vulnerabilidad está en cómo las personas interactúan con ella, lo que obliga a la industria a invertir en monitoreo transaccional capaz de detectar patrones anómalos en milisegundos, y a las entidades a coordinar respuestas conjuntas en lugar de resolver el fraude cada una por su lado.
Con la hoja de ruta del Banco de la República para los próximos años, que contempla nuevas funcionalidades como los débitos recurrentes sin tarjeta y mayor colaboración público-privada, Bre-B está a tiempo de anticiparse a estos retos en lugar de reaccionar a ellos. La experiencia de quienes construimos infraestructura de pagos para la región enseña que la resiliencia no se improvisa sino que se diseña desde el primer día, con redundancia entre rieles, monitoreo continuo y protocolos que asumen que algo va a fallar, para que cuando ocurra, el usuario ni siquiera lo note.
Bre-B demostró que Colombia puede construir infraestructura pública digital de clase mundial y que los colombianos están dispuestos a adoptarla masivamente. La atención de los próximos meses debería estar puesta en garantizar que esa confianza recién ganada no se desgaste por una caída, un fraude masivo o una mala experiencia de usuario, porque con la misma inmediatez con la que se realizan los pagos, la confianza puede perderse en segundos.


